Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta infancia. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de abril de 2013

Más de campo que las amapolas

Una cosa que me ha parecido siempre muy curiosa es la capacidad que tienen algunos olores para evocar recuerdos. En mi caso particular es el olor a pino, me encanta porque me recuerda a mi infancia y parte de mi adolescencia en Cuenca y porque con él solo vienen buenos momentos.

Como os podéis imaginar en Cuenca las opciones de ocio en familia son muy reducidas, en mi familia una muy común era salir al campo. Pero no salir al campo con un Renault 5 (gran coche de antaño) a la primera explanada verde que veíamos y merendar, no no, esto es de domingueros. Lo nuestro eran excursiones de aventura con todo terreno, cruzando ríos, caminos de mala muerte e incluso a veces inventando algunos para ver qué había más allá. En este sentido, nuestra ciudad ofrece mucho, si bien es muy pequeña como ciudad, es la tercera de España en extensión (no os acostareis sin saber una cosa más), así que os podéis hacer una idea de la cantidad de monte que teníamos para recorrer, aunque a veces también íbamos a Guardalaraja y a Teruel, es lo que tiene el campo, no se sabe cuándo acaba uno y empieza otro.

Normalmente eran excursiones para practicar lo que ahora se llama senderismo, y donde ahora hay GR y PR (los senderistas sabrán de lo que hablo), antes lo llamábamos ir al campo y pasear por el cerro, como mucho lo identificábamos con algún símbolo de la orografía.

Tengo que reconocer que mis padres organizaban todos los fines de semana alguna buena, íbamos con un grupo de amigos con hijos de edades parecidas, 3 o 4 años arriba o abajo y os podéis imaginar el despiporre, nos llegábamos a juntar unos 20 guachos según el día. Muchas veces íbamos unos cuantos en un mismo coche, en la parte de atrás, pobres padres lo que sería eso ahora que lo pienso, eso sí, era llegar al campo y nos soltaban cual bestias salvajes.

No somos borricos ni ná

Mis excursiones favoritas eran las de río, recorriendo el cauce y buscando cualquier zona alta para saltar o alguna cascada o cueva hecha por el agua. Esa sensación de asomarte un poco porque tus padres te dejaban adentrarte, sin miedo para ellos, pero que tú ibas cagao por lo que pudieras encontrar ahí, aún la recuerdo, se me ponía el corazón a mil. Además a la mínima que encontrábamos una zona un poco peliaguda para el coche ahí que se paraban todos a picarse con el coche para ver quién se quedaba atascado y reirnos un rato. El día que se quedó atascado el coche con toda la comida no nos hizo tanta gracia tener que escurrir el pan y comerlo blandurrio, sobre todo a las madres siempre preocupadas por todo, pero fue una anécdota que dio para varias semanas de risas. Y es que el momento bocadillo después de toda la mañana saltando como cabras era lo mejor, sobre todo cuando almorzábamos bocadillo de huevos fritos con jamón o de tortilla con filetes (esto si es comida, aprenda señor Adriá).


Los recuerdos de esa época son infinitos, esta Semana Santa estuvimos viendo algún que otro video y me hizo recordar muchos de ellos, me sentí muy agradecido por todo lo que había vivido y aprecié el esfuerzo de mis padres en aquel momento.

Margaritaaaa te vas a enterar
Las salidas al campo me parecen una actividad increíble y muy revitalizante para practicar con nuestra pequeña, logran que uno desconecte sin quererlo, sin contar con la unión que produce en la familia y amigos, estábamos todos encantados de ir. Eso sí, hasta cierta edad, luego ya en la etapa espinilla me apetecía quedar con mis amigos para ir a los recreativos y buscar a las chirlis de clase pero esto lo negaré cuando mi hija me lo pida.

Son de esas cosas que te marcan de pequeño, es una forma de vida  y aunque desde que me vine a Madrid casi no trabajo el campo, Mrs. P y yo compartimos opinión y en cuanto podamos nos liaremos la manta a la cabeza y allá que iremos de nuevo. De momento nos conformaremos con salidas de dominguero una vez al mes para ir introduciendo a la padawan en el arte del verdor, como la del domingo pasado en El Retiro, estaba encantadísima con las flores y el césped. Luego esperamos ir animándonos para ir buscando aventurillas.

Ojalá podamos formar un grupo de gente aquí en Madrid o en Cuenca con la que poder salir mensualmente, me conformaría con que fuera la mitad de grande que el de mis padres, porque así es como más se disfruta, con amigos y familia. Así que ya sabéis si alguien se anima, es un punto de comienzo :)

Mrs. P: bueno yo no tuve campo, tuve la versión de infancia en un pueblacho la cual es también muy buena, muy distinta pero divertidísima también. Algún día igual me animo y cuento alguna que los pueblos dan para mucho.

miércoles, 23 de enero de 2013

Sólo nos falta el bocata de nocilla

Siguiendo la estela de las películas de nuestra mocedad y como buenos fans de Peter Jackson que somos, aquí viene la segunda parte de la trilogía, que esta vez se centra en las series de dibujos animados que nos han hecho como somos. No son series frikis, bueno quizá alguna sí, pero casi todas son series de nuestra infancia y seguramente de la de muchos.

Esta vez no pondré examen a la señora porque las ha visto todas y pa que saque un sobresaliente pues como que no. El examen va para todo aquel que se quiera entretener adivinándolas por nuestros recuerdos, un rato güeno pasaréis y nosotros más corrigiéndolo :) Publicaremos las respuestas correctas en una semana.

Además como colofón de la trilogía para todos aquellos que hayan participado contestando los tests o comentando en las entradas, hemos preparado una sorpresilla que ya desvelaremos a través de un ranking jur jur jur…

¡Para que luego no digáis que los exámenes no venían con premio!