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domingo, 29 de septiembre de 2013

Otoño: Campo y Cocina

El otoño ya está aquí, parecía que no iba a dejar de hacer calor pero este fin de semana ya hemos tenido el primero con el tiempo más moderado. Cuando llega esta época es imposible no pensar en que se acaban las vacaciones, llega la rutina, los días más cortos - tres minutos menos cada día según el Instituto Geográfico -, peor tiempo… si sois así de cenizos, aquí estamos para cambiar el chip, ea.

La estación empezó el pasado domingo 22 de Septiembre y para inaugurarla qué mejor que ir al campo.   Eso es lo que hicimos, como domingueros totales, nos marcamos unas tortillas, unos filetes, guarrerías a tutiplén, unas cervecillas y a exprimir el día con amigos. El sitio escogido fue Rascafría, no conocemos mucho los alrededores de Madrid y tenemos que decir que nos gustó mucho, el Valle de El Paular tiene gran cantidad de rincones y paseos muy agradables.


Llegamos temprano - algo bueno tenía que tener madrugar un domingo gracias al "Piertaaaa" a ostieja limpia con el que nos deleita la padawan en nuestra cama - y fuimos directos a Las Presillas, Piscinas Naturales de Rascafría. La zona cuenta con aparcamiento en el que se puede dejar el coche todo el día, 5€ mediante, aunque si no queréis gastar un duro, antes de llegar se puede dejar el coche en un lado de la carretera y acceder andando, 5 minutos de paseo.

Mr. P enseñándole los renacuajos a la ídem.
Hacía calor todavía, así que decidimos pasear aprovechando la fresca, no sin antes aposentar algunos bártulos en las praderas verdes que hay en las Piscinas. El sitio es ideal para ir con niños, lástima que sólo lo abran hasta finales de Septiembre, pero aún así los alrededores son preciosos y el paseo es sencillo. Nosotros llevamos mochila y carrito para la siesta y sin problema. El paseo fue un gustazo, sin ruidos, sin mucha gente y descubriendo miles de cosas en el camino: palos, piedras, ramitas, el río…nos lo pasamos como enanos.

Después empezó a aterrizar gente en la pradera, el buen tiempo todavía acompañaba y allí la gente seguía con el bañador. Eso sí, pocos fueron los que se atrevieron a meter el pie en el río Lozoya, buenísimo para la circulación como diría mi madre. Sacamos nuestro arsenal de comida, nos pusimos hasta las patillas, con plátano incluido de postre - el campo sin tortilla y plátano, no es campo - y dimos un paseo para que la padawan durmiera, lo cual fue fácil porque estaba rota. Así que aprovechamos y sesteamos también a la sombra de los árboles.

El día lo completamos con cafelito al despertar en un bar que hay en la zona, otro paseo y vuelta para los Madriles, no sin antes pillar un poco de atasco en la A1 como buenos domingueros madrileños.

Si queréis más información, podéis visitar la página de Rascafría o preguntadnos como siempre.

El segundo fin de semana de la estación lo hemos pasado más cerca de casa, teníamos cumpleaños familiar y el domingo como el tiempo estaba regular aprovechamos para terminar de dar por inaugurada la estación. ¿Cómo? Pues cocinando algún postre. No un postre cualquiera, un Kuchen de manzanas. Desde que se la vi a Consuelo en Honey and Figs, sabía que tenía que probarla. Os recomiendo 100% a esta chica, la descubrí gracias a Dolega y se ha quedado en mis imprescindibles de cocina, ¡qué platos!

No os pongo nada de la receta, es mejor que la sigáis a ella. Sólo os enseño algunas fotos de la elaboración y os advierto que lleva mantequilla tostada, algo que no había probado nunca y que va a ser el mayor peligro que haya conocido ¡cómo huele y qué sabor! La tarta lleva tres partes, un streusel crujientito, una capa de manzanas y crema hecha con el preparado de las natillas (de muerte) y un bizcocho. A pesar de las capas que lleva es sencilla de preparar y queda de vicio, así que os animo a que lo intentéis.

A Mr. P no le gustan las manzanas así que adivinad quién se ha comido media fuente… menos mal que llamé a mi hermana para pedir refuerzos.

martes, 16 de abril de 2013

Más de campo que las amapolas

Una cosa que me ha parecido siempre muy curiosa es la capacidad que tienen algunos olores para evocar recuerdos. En mi caso particular es el olor a pino, me encanta porque me recuerda a mi infancia y parte de mi adolescencia en Cuenca y porque con él solo vienen buenos momentos.

Como os podéis imaginar en Cuenca las opciones de ocio en familia son muy reducidas, en mi familia una muy común era salir al campo. Pero no salir al campo con un Renault 5 (gran coche de antaño) a la primera explanada verde que veíamos y merendar, no no, esto es de domingueros. Lo nuestro eran excursiones de aventura con todo terreno, cruzando ríos, caminos de mala muerte e incluso a veces inventando algunos para ver qué había más allá. En este sentido, nuestra ciudad ofrece mucho, si bien es muy pequeña como ciudad, es la tercera de España en extensión (no os acostareis sin saber una cosa más), así que os podéis hacer una idea de la cantidad de monte que teníamos para recorrer, aunque a veces también íbamos a Guardalaraja y a Teruel, es lo que tiene el campo, no se sabe cuándo acaba uno y empieza otro.

Normalmente eran excursiones para practicar lo que ahora se llama senderismo, y donde ahora hay GR y PR (los senderistas sabrán de lo que hablo), antes lo llamábamos ir al campo y pasear por el cerro, como mucho lo identificábamos con algún símbolo de la orografía.

Tengo que reconocer que mis padres organizaban todos los fines de semana alguna buena, íbamos con un grupo de amigos con hijos de edades parecidas, 3 o 4 años arriba o abajo y os podéis imaginar el despiporre, nos llegábamos a juntar unos 20 guachos según el día. Muchas veces íbamos unos cuantos en un mismo coche, en la parte de atrás, pobres padres lo que sería eso ahora que lo pienso, eso sí, era llegar al campo y nos soltaban cual bestias salvajes.

No somos borricos ni ná

Mis excursiones favoritas eran las de río, recorriendo el cauce y buscando cualquier zona alta para saltar o alguna cascada o cueva hecha por el agua. Esa sensación de asomarte un poco porque tus padres te dejaban adentrarte, sin miedo para ellos, pero que tú ibas cagao por lo que pudieras encontrar ahí, aún la recuerdo, se me ponía el corazón a mil. Además a la mínima que encontrábamos una zona un poco peliaguda para el coche ahí que se paraban todos a picarse con el coche para ver quién se quedaba atascado y reirnos un rato. El día que se quedó atascado el coche con toda la comida no nos hizo tanta gracia tener que escurrir el pan y comerlo blandurrio, sobre todo a las madres siempre preocupadas por todo, pero fue una anécdota que dio para varias semanas de risas. Y es que el momento bocadillo después de toda la mañana saltando como cabras era lo mejor, sobre todo cuando almorzábamos bocadillo de huevos fritos con jamón o de tortilla con filetes (esto si es comida, aprenda señor Adriá).


Los recuerdos de esa época son infinitos, esta Semana Santa estuvimos viendo algún que otro video y me hizo recordar muchos de ellos, me sentí muy agradecido por todo lo que había vivido y aprecié el esfuerzo de mis padres en aquel momento.

Margaritaaaa te vas a enterar
Las salidas al campo me parecen una actividad increíble y muy revitalizante para practicar con nuestra pequeña, logran que uno desconecte sin quererlo, sin contar con la unión que produce en la familia y amigos, estábamos todos encantados de ir. Eso sí, hasta cierta edad, luego ya en la etapa espinilla me apetecía quedar con mis amigos para ir a los recreativos y buscar a las chirlis de clase pero esto lo negaré cuando mi hija me lo pida.

Son de esas cosas que te marcan de pequeño, es una forma de vida  y aunque desde que me vine a Madrid casi no trabajo el campo, Mrs. P y yo compartimos opinión y en cuanto podamos nos liaremos la manta a la cabeza y allá que iremos de nuevo. De momento nos conformaremos con salidas de dominguero una vez al mes para ir introduciendo a la padawan en el arte del verdor, como la del domingo pasado en El Retiro, estaba encantadísima con las flores y el césped. Luego esperamos ir animándonos para ir buscando aventurillas.

Ojalá podamos formar un grupo de gente aquí en Madrid o en Cuenca con la que poder salir mensualmente, me conformaría con que fuera la mitad de grande que el de mis padres, porque así es como más se disfruta, con amigos y familia. Así que ya sabéis si alguien se anima, es un punto de comienzo :)

Mrs. P: bueno yo no tuve campo, tuve la versión de infancia en un pueblacho la cual es también muy buena, muy distinta pero divertidísima también. Algún día igual me animo y cuento alguna que los pueblos dan para mucho.